Una pequeña estrella en tu noche

De repente soy pequeño. Diminuto. Avanzo entre las sabanas, donde cada pliegue es una colina para mi. Llego a tus pies, suaves y pequeños, que altos se ven desde abajo. Los escalo como puedo y una vez arriba bajo por ellos deslizándome hasta tus finos tobillos. Sigo como si de un funambulista se tratara hasta tu rodilla, jugandome caer al vacío. Cuando llego a tus rodillas ya puedo ver, en el horizonte, la silueta de tu vagina. Parece mágica desde aquí. Cojo el bote mas cercano y me echo a navegar por tus caderas, sintiendo cada curva, y llegando hasta tu cintura, tan pequeña y bonita.

Camino por tu vientre, terso y plano, casi como si caminara por el mismo cielo. La superficie se mueve, guiada por tu placida respiración de dormida. Llego a tus enormes pechos. Perfectos, blandos, majestuosos. Tengo que descansar unos segundos, debido el extasis, por el cual perfectamente podría contraer síndrome de Stendhal, solo con ver esas montañas a mi paso.

Camino entre ellas para llegar a descubrir mi objetivo. Allí, al fin, veo tu rostro, igual que el de un ángel dormido. Respirando plácidamente y sin apenas movimiento. Me acerco a tu oreja y te susurro “Raquel!” De repente abres tus grandes ojos negros y me miras entre la oscuridad. Yo vuelvo a ser grande de nuevo, y estoy durmiendo a tu lado. Me dices “No vas a creer lo que acabo de soñar, salias tú!” “No tengo ni idea” te respondo, sonriéndote.


A tu vera

Tu dulce voz suena detrás mía, rompiendo cariñosamente el silencio de la calle. Me giro y ahí estas, mis pupilas se dilatan al verte, mi corazón se acelera al sentirte cerca. Huelo tu perfume cuando te acercas a mi. No existe olor mas placentero en este mundo. Y no por el olor en si, si no por ser el aroma que tengo asociado a ti. Te miro de arriba a abajo y te encuentro increíble, deslumbrante como siempre. Cuando mis ojos llegan a tu cara se entrecruzan nuestras miradas. ¿Quien podría cansarse, o si quiera acostumbrase a esa sensación? Todo se borra, se para el mundo, solo están tus ojos, grandes e igual de negros que la noche, mirándome. Mirándome a mi… y que feliz soy.

Te acercas con un paso corto hasta estar pegada a mi. Lo haces con la serenidad que te caracteriza. Cualquiera podría pensar que debajo del abrigo llevas dos alas de ángel escondidas, tal es el cariño que despiertas con tus gestos. Mientras acercas tu cara a la mía para darme un beso podría morir de tanta felicidad. Tantas dudas, tantos problemas, tantos sinsentidos de esta vida se eliminan en esos instantes en los que avanzas hacia mi boca y me besas tiernamente. Y es que si hay algo más suave que tus labios, no quiero saberlo. Estoy seguro que no le esta permitido al hombre mortal conocer más placer que sentir un beso tuyo con amor.

Te tapas con el abrigo y pones cara de tener frio. Te abrazo y bajamos la calle, mientras pienso que todo esto es un sueño. Que simplemente me dormí una noche y mi desarrollada imaginación esta dibujando en mi cerebro a la más increíble y cariñosa de las mujeres. Ojala nunca despierte.


Andando solo

La noche pesa sobre mis cansados hombros. Mis pies, aun cansados por el día que acaba de morir, me siguen trayendo donde yo deseo. Las olas rompen a los lejos y se confunden con la noche, agujereada solo por las estrellas. Estoy solo. Un amigo me acompaña en mi paseo nocturno, pero estoy completamente solo. En otras ocasiones de mi vida hubiera deseado dormir al sentir esta sensación, volver al vientre de mi madre, donde todo era calor y protección… pero hoy no.

Siento cierto placer al sentir el gélido toque del viento, que cruza el paseo como único transeúnte aparte de mi camarada y yo. Es bastante curioso, ese sentimiento de lucha que te invade cuando las cosas que se supone que te tendrían que reconfortar, se vuelven contra ti. Somos unos seres orgullosos, sin duda. Seria normal yacer herido, como si de la más profunda herida se tratase, pero nuestro cerebro algunas maravillosas veces exige resistirse.

Y así, agradezco alguna gota de lluvia aislada, precedente de tormenta, que cae sobre mi cabeza mientras vuelvo a mi cálido hogar. Mientras siento el eco de mis pasos entre edificios dormidos y exhalo un hilo de humo por mi nariz. Como un soldado que se enorgullece de sus cicatrices, como un niño que se cree un gran héroe, como un felino que levanta la cabeza ante cualquiera… Como un chico solitario, sin más.


¿Cómo sería vivir el sueño despierto de todos los días?

Paolo Nutini me despierta un frío martes. Me siento cansado y enfermo, algo me falta en el día a día… Me voy para el bar otra vez con Kaotiko, dicen que nos vamos a drogar, yo no lo sé. Allí me encuentro con Mana, están bebiendo para olvidar, pero lo único que hacen es emborracharse para recordar. En el bar, Harry McClintock canta una bonita canción sobre unas montañas lejanas que me parecen el paraíso. Tal vez eso es lo que me decía Paolo que me faltaba, cojo los bártulos y me voy. Lamentablemente me encuentro en una retención en medio de la autopista dirección las montañas. Pero no pasa nada, Violadores de Verso han venido conmigo, y me enseñan a apreciar la ciudad, llena de cláxons, y me explican que puede haber paz en mágica soledad de un atasco. Cuando se bajan del coche me bajo yo también, y cojo una moto que había tirada en medio del arcén para volver a la ciudad. De repente veo pasar a Steppenwolf, pongo el motor en marcha y me meto entre los coches, buscando aventuras o lo que se me cruce por el camino.

Llego al Downtown, en lo más profundo de la urbe, y me encuentro con Petula Clark. Tenia razón, sin duda, es muy difícil sentirse solo aquí. De repente pasa algo increíble. Nada mas dejar la moto e incorporarme a la calzada pasa un chica preciosa, muy particular, y yo, estupefacto, me veo a mi mismo convertido en un peluche. Ella me coge, me tiene tiernamente entre sus pechos, y sigue andando. De pronto ahí estoy, firmado, sellado y entregado, era suyo. O al menos eso se le oía decir a Stevie Wonder desde dentro de un bar. Entonces llegamos a su casa y yo le pido ayuda a Louis para decirle que si pudiera pasar aunque fuera una hora con ella esta noche sería maravilloso, pero como aun no había anochecido, simplemente me tumba en la cama y se acuesta a mi lado.

Pero algo malo pasa. Me rompo. Lou Reed cumple su promesa y me vuela los sesos. La chica no tiene más remedio que dejarme en la calle, todo deshilachado. Oscurece… Jim Morrison me coge de un brazo y me lleva consigo. Me habla de un triste final, y me dice que soy su único amigo. Intento consolarle, pero todo se vuelve más y más oscuro… Cada vez estoy mas cansado… Mis ojos se cierran del todo… y de repente, ¡Chas! Las puertas del tren se abren y la luz me ciega, se oye a todo la multitud que baja del tren y una mecánica voz de fondo ¿Que coño pasa? ¿Ya se me ha acabado la mierda de batería del mp3? Me cago en la puta.


Las mejores cosas de la vida se hacen sin más

Las mejores cosas de la vida se hacen sin más. Sin pensar muy bien lo que estas haciendo. En los momentos más auténticos y espectaculares de la vida simplemente hay que dejarse llevar.

Cuando escribes, cuando fumas, cuando besas, cuando amas… La espontaneidad se convierte en el único método viable. En nada sirve la razón cuando estamos mirando a los milagros de la humanidad a la cara, y estos nos devuelven la mirada.


Ya nunca volverá ser tan bonito

Ya nunca volverá a ser tan bonito como la primera vez que me hablaste. Ya nunca volverá a ser tan bonito como la primera vez que insinúe que me gustabas. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando vi tu cara en una foto por primera vez. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando me saludaste a tiempo real por el chat.

Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando comenzamos a tontear. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando te escribí que te quería por primera vez. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando oí tu voz por primera vez. Ya nunca volverá a ser tan bonito como los instantes previos a verte. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando te vi por primera vez. Ya nunca volverá a ser tan bonito como la primera vez que me miraste fijamente. Ya no nunca volverá a ser tan bonito como verte andar hacia mi por primera vez.

Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando me abrazaste y sentí tu piel por primera vez. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando me miraste a los ojos con intención de besarme por primera vez. Ya no volverá ser tan bonito que cuando nos dimos nuestro primer beso. Ya nunca volverá a ser tan bonito como aquel viaje de tren. Ya nunca volverá a ser tan bonito como cuando estuve por primera vez dentro de ti.

Ya nunca volverá a ser tan bonito… Y eso aun le da más belleza, cosa que casi parecía imposible de suceder.


Esencia o aspecto

Estoy mirando una planta, en el balcón. Desconozco de que tipo es, su nombre científico, su nombre coloquial, en que hábitat crecen mejor, donde morirían a los dos días… Simplemente la observo y me asombro. Observo cada hoja, cuan vello y verde es el primer tallo que sale de la tierra.

Luego las plantas crecen, despliegan sus hojas, algunas salen relucientes, otras se marchitan. Pero el primer tallo sigue ahí, ahora de forma vertebradora de todo lo demás. Ahora ya no es verde, es marrón, más duro.

La vida de los humanos se parece a eso. Por mucho que nos distigamos con ropas de un tipo determinado, móviles de una marca determinada, escogiendo café solo o con leche, fumando o yendo al gimnasio, al final lo único imprescindible es nuestro tallo central. Nuestra esencia. Nuestro pensamiento y opinión mas primitivo. Alguien me dijo que a eso es a lo que llamamos alma. No lo sé.

Lo único que sé es que mi tallo cada día es más marrón y duro, pero mi hojas se marchitan con facilidad. Tal vez algún día me quede pelado, sin hoja alguna, y sea un simple tronco, esperando la luz del sol y un poco de agua para no morir del todo. Tal vez algún día sea solo estas palabras. Solo pueda ser yo escribiendo, sintiendo que recreo un pedazo de mi esencia con cada palabra.

O tal vez no. Tal vez luego me vaya por ahí, me fume un canuto, me haga un par de cubatas, otras tantas cervezas y me olvide de todo. Tal vez mañana me levante y no pueda escribir. ¿Pero a quien le importa eso? prefiero fluir que no especular, estoy harto de mi raciocinio, estoy hasta los huevos le la lógica. Pero ellas que quieren abandonarme. Soy feliz los 4 segundos del día desde que me levanto hasta que mi cerebro esta en plenas facultades. Alguien dice que a veces los humanos necesitamos evadirnos. A mi me gustaría vivir en la evasión… porque all you need is love, o eso decía John.


Hoy me arropa la noche

Estoy en el tejado de mi casa. Mis pies descalzos notan el suelo. Mi vista alcanza a ver el paisaje lleno de antenas. Un jungla de hierro que se pierde en el horizonte. La fresca brisa nocturna me toca suavemente. Ni fuerte ni débil, simplemente única, como solo pasa estando al lado del mar. La luna está medio oculta entre las nubes esta noche. Distingo su figura, la única celeste del cielo, ya que las egoístas farolas me privan de la mirada de los demás astros.

Los puntitos de luz dejan un paisaje precioso. Yo me he criado aquí, entre asfalto y hormigón, así que éste es mi paisaje natal, mi hogar. Hoy no me trago el humo del cigarro, simplemente me lo dejo en la boca, liberándolo lentamente de su prisión, observando luego como sube con paciencia por delante de mi cara. No entiendo como algo puede ser tan bonito y a la vez tan mortal. Ojala fuera el humo, ahora estaría recorriendo el cielo, viendo el mar debajo mía, viajando sin rumbo, observando miradas ajenas sin que advirtieran mi presencia.

No lo soy, no soy humo, soy hueso, carne y sangre. Y padezco mismos pesares que cualquier mortal, porque no estoy aquí arriba para disfrutar de esta fantástica noche, ni para dar una dosis de nicotina a mi hastiado cerebro. Estoy aquí para pensar. Reflexiono entre la oscuridad, oculto dentro de un infalible pelaje. Pero las cuestiones de mi cabeza no encuentran solución. No hay catarsis hoy. No es algo racional lo que me ocupa.

Si el amor fuera algo racional seria todo demasiado fácil. Éste es capaz de desarmar a cualquiera, y por supuesto a mi. Capaz de romper mi fuerte armadura de lógica y autosuficiencia. Ya no hay vuelta atrás para mi. Sea cual sea el final, me enfrento a él desarmado. Hoy no puedo sostener mi mascara, hoy no puedo hacer como que también estoy dormido, hoy no puedo ahogar mis lagrimas antes de que caigan. Hoy simplemente soy un observador de mi vida… Mi única esperanza es que esta película que veo tenga un final feliz. Más allá de eso, nada.


Mi musa…

Fácil es mover el lápiz por mi musa,
en esta estrellada noche taciturna,
con Beethoven a mi lado en forma de melodía
llevando mi tristeza a la vanguardia.

Cuerpo y mente caen cuando no estás,
simplemente quiero dormir y no pensar
a quien harás resguardo de tu malestar,
quien llevará flores a tu pedestal.

Pero consigues cambiar mi humor de nuevo,
y se me abre el cielo cuando por fin te veo,
sintiéndome como si nunca hubiera existido pesar,
viniéndome a abrazar,
cuando incluso la luna ha olvidado ya mi soledad.

Por eso, aunque estuviera muriendo ahora
las únicas palabras que saldrían de mi boca
siendo la única verdad más pura que el cielo,
serían: Raquel, te quiero.


Horizonte nublado en una noche de verano

Suenan los truenos. La playa se agita entre la oscuridad. El destello de un relámpago da cuerpo a las olas negras por un instante, que parece infinito. La inmensidad del mar se traga mi pena y visión. La luna se oculta entre las nubes y solo deja entrever un halo de luz. Me ilumina una triste farola, solitaria, como yo. Mientras ando siento mis pies adaptarse a la roca. Ellos nunca me fallan, me llevan siempre donde quiero, son mis más sufridos compañeros, soportan mi peso cual Altas aguanta sobre sus hombros la inmensa Tierra.

Las primeras gotas empiezan a caer, pero la lluvia es suave, esta noche no lloverá mucho. Aun así las frías gotas de agua deciden bajar del oscuro cielo para acariciarme. Su tacto gélido y purificador se pierde entre mi pelo, y se desliza sobre mis mejillas. Me pongo la capucha, intentando resguardarme del presente frío, pero el frío que siento esta más adentro, y de manera imposible podría provocarse por finas e inocentes gotas de agua.

Entro a la playa y noto como mis pies se hunden en la arena a cada paso. Voy marcando mi camino detrás mía. Un camino que solo el tiempo, en este caso en forma de viento, podrá borrar. Delante mía no hay ningún camino que pueda seguir. Simplemente miles de pisadas en la arena. Múltiples direcciones, tamaños, profundidades, algunas sin rumbo, otras con el destino marcado en la hendidura. Yo elijo no seguir ninguna de esas pisadas anónimas. Elijo hacer mi propio camino a cada paso. Elijo no sentir este frio por dentro nunca más. Elijo no temer el infinito océano. Elijo verte. Elijo sentirte.

Elijo quererte… Ya sea en contra de la lluvia o el viento, o en contra del tiempo y la distancia. Es mi decisión, y los elementos deberán respetarla, ya que yo no tengo Dios, mi única divinidad es mi mente, y ella me lleva donde yo deseo.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.